“Jamás podría cumplir lo que a mi juicio es el principal deber de un orador: ofreceros, tras una hora de disertación, una semilla de verdad en estado puro que pudierais guardar entre las hojas de vuestros cuadernos de notas y conservar para siempre en la repisa de la chimenea.”
“Brotarán mentiras de mis labios, pero puede que entre ellas aflore también alguna verdad.”
“¿Cuál era la verdad y cuál la ilusión?”
“Era esa hora entre dos luces, cuando los colores se vuelven más intensos, y los púrpuras y dorados arden en los alféizares como el latido de un corazón impresionable; cuando, por alguna razón, la belleza del mundo revelada y sin embargo a punto de perecer, tiene dos filos, uno de risa, otro de angustia, que cortan el corazón por la mitad.”
“Si se hubiera servido de pruebas irrefutables para exponer su razonamiento y no hubiera dado la menor muestra de preferir un resultado a otro, yo tampoco me habría enfadado. Habría aceptado los hechos, como se acepta el hecho de que un guisante es verde o un canario amarillo. Así sea, habría dicho. Lo que me indignó fue su ira.”
“Las mujeres han servido durante siglos como espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar la figura del hombre duplicando su tamaño natural.”
“No necesito halagar a ningún hombre; no tiene nada que ofrecerme.”
“¡Cuántas cavilaciones nos ahorran estos caballeros! ¡Cómo retrocedían las fronteras de la ignorancia, al acercarse ellos! Los gatos no van al cielo. Las mujeres no son capaces de escribir las obras de Shakespeare.”
“Con tal exactitud se repite la historia.”
“Censúreme quien quiera.”
“La vida entra en conflicto con algo que no es la vida. Pero, al ser en parte vida, la juzgamos como tal.”
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