"Conozco a una princesa de verdad
que rompió cada página de su cuento
para irrumpir en mi historia.
Su corona es un moño a medio hacer,
destruyó su sortija
y se borró el maquillaje
para enseñarme a soñar con sus ojeras.
Su vestido de gala es una camiseta larga
que le tapa medio muslo.
Repudia el color rosa
y se entroniza sobre mis rodillas.
Ella no entiende de protocolos,
come en el sofá,
deja la ropa en el suelo,
me agarra el alma, me muerde el cuello,
sale de casa sin secarse el pelo.
Y es justo su máxima expresión humana
la que me convierte en súbdito."
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